
En Euskadi existe desde hace años una red que desarrolla la campaña de “ropa limpia”. Gracias a su gran trabajo, hoy podemos afirmar que existe mayor concienciación, sensibilización y presión social sobre las diferentes empresas textiles como productores, sobre las instituciones como garantes de derechos y sobre la propia ciudadanía como compradores. Porque es responsabilidad de todas y todos un consumo “limpio” de la ropa.
El año pasado, antes de las Olimpiadas de Londres, se ubicaron grandes contenedores en el centro de las tres capitales vascas para simular las condiciones de los talleres textiles clandestinos. En dicha campaña nos mostraron tres investigaciones en las que se habló de la explotación infantil, los salarios de pobreza y las jornadas con turnos incluso de 24 horas, todo para satisfacer una dinámica de consumo compulsivo.
Con esta campaña, desarrollada a escala mundial, se logró que la empresa deportiva que patrocinaba los Juegos Olímpicos reconociese las nefastas condiciones laborales a las que estaba sometiendo a los trabajadores y trabajadoras asiáticas. Se logró que el Comité Olímpico de Reino Unido se adhiriese a la "Ethical Trading Iniciative", que exige el pago de un salario digno, asociacionismo libre y condiciones de trabajo saludables y seguras. En este momento, gracias a la presión de miles de asociaciones de más de 50 países, se ha conseguido que cadenas como Inditex, Levi’s y H&M hayan firmado este código ético.
Es verdad que cuando compramos ropa u otros productos solo miramos el precio final sin tener en cuenta cómo se ha producido. ¿Vemos lejano ese origen de lo que compramos porque no nos interesa? ¿De verdad no nos importa?
La tragedia de Bangla Desh nos ha hecho recordar que, debido al consumo compulsivo, hay personas de primera y de segunda. Hay personas que viven para servir y personas sin escrúpulos para aceptar esa servidumbre. En el Partido Nacionalista Vasco siempre hemos tenido claro cuáles son nuestros principios de cooperación, de fomento del desarrollo, de empoderamiento de las personas más débiles de los países menos desarrollados.
En nuestro ADN está el artículo primero de la Declaración de los Derechos Humanos. Nuestro compromiso es luchar contra estas injusticias.
Creemos que, desde la institución más cercana a las personas, debemos reforzar campañas de sensibilización como la relativa a la ropa o a cualquier otro producto fabricado en países menos desarrollados con condiciones laborales opacas. Sumémonos a las campañas. Pensemos en el futuro de nuestros hijos e hijas, de la suerte que han tenido de nacer aquí. Imaginemos que hubiéramos nacido en otro lugar y nuestros hijos, en vez de ir a la ikastola, tuvieran que ir a trabajar a un barracón. Y tengámoslo presente porque las consecuencias de esa injusticia no están muy lejos: basta con echar un vistazo al armario.
Concejal del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, responsable de Políticas Sociales, Promoción económica y Turismo
03/05/2013
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